lunedì 24 agosto 2015

Italia, desbordada, advierte de que peligra el espacio Schengen

El titular de Exteriores, Paolo Gentiloni, exige a la UE un plan rápido y efectivo para frenar la inmigración.
La Marina italiana rescata a 4.400 inmigrantes en 48 horas.
Largo fin de semana en el Canal de Sicilia para Italia. La Central Operativa de la Guardia Costera, con sede en Roma, ha coordinado el rescate de 4.400 migrantes en 22 operaciones diferentes en el Canal de Sicilia, frente a las costas de Libia. En otras palabras, en un solo día se han rescatado los mismos migrantes que aproximadamente en tres semanas de salvamentos. Ante la crisis migratoria que vuelve a poner en duda la labor de la UE, el ministro de Exteriores transalpino, Paolo Gentiloni, con un tono casi churchilliano, se mostró muy duro con sus compañeros europeos y esbozó las consecuencias de la mala gestión. «Desde la isla siciliana de Kos, pasando por Macedonia, Hungría y Calais, vemos tensiones que podrían poner en cuestión los Acuerdos de Schengen. Los migrantes no llegan a Grecia, Hungría o Italia, sino a Europa. Las normas de acogida también tendrían que europeizarse», explicaba ayer de manera crítica al periódico romano «Il Messaggero».
Para él, hay que reconsiderar los Acuerdos de Dublín (UE) en materia migratoria: «Egoísmos, decisiones descoordinadas y polémicas entre los Estados miembros. Europa arriesgaría a dar lo peor de sí misma», explicó el mandatario itálico. Y lanza una pregunta sin respuesta: «Hemos reducido las tragedias en el mar. ¿Pero durante cuánto tiempo aceptaremos que los barcos europeos salven a los migrantes, pero sólo para llevarlos a los puertos italianos?». El vicecanciller alemán, Sigmar Gabriel, y el ministro de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, se sumaron también ayer a las críticas de Gentiloni y pidieron la unificación de políticas migratorias. También desde Francia, el presidente Hollande muestra su preocupación sobre esta situación límite. Por este motivo, el líder galo y la canciller alemana Angela Merkel se reunirán hoy en Berlín para tratar el asunto y una vez más intentar dar una respuesta a la crisis. Sin embargo, desde Bruselas no parece que haya intención de mover más fichas en este asunto.
Ayuda en el mar
La postura oficial sigue siendo que el control de las fronteras corresponda a cada estado miembro, y tan sólo responderá con nuevos envíos de dinero para aumentar los recursos de Frontex. Unas partidas que parten del compromiso alcanzado por los Veintiocho en la cumbre de urgencia celebrada el pasado mes de abril, y las cuales todavía no han llegado a la agencia europea.
Aunque los barcos de la «Operación Tritón» (de Fontex) tengan sólo la misión de proteger las fronteras exteriores de la Unión, Italia los involucra en los rescates humanitarios apelando al Artículo 98 de la Convención de ONU sobre Derecho del Mar. Éste obliga a salvar la vida en el mar. Médicos Sin Fronteras (MSF) es una de las organizaciones internacionales que patrulla a diario la franja del Mediterráneo Central que va desde Zuwara a Trípoli, a 30 millas de la costa de Libia, colaborando con Roma.
La conocida ONG decidió pasar de la tierra al agua con tres buques propios. «En el ‘‘Dignity’’ somos siete personas operativas: un médico, una enfermera, una obstétrica y un logista entre otros. El papel del mediador cultural, que habla árabe, inglés, francés y español es determinante: las personas que rescatamos están muy asustadas. Debemos lanzar los mensajes más adecuados posibles», explica Francesca Mangia, coordinadora del «Dignity». «Hemos dado un paso cualitativamente enorme», explica a LA RAZÓN José Antonio Bastos, presidente de MSF España. «Es una solución surrealista para un problema surrealista. Queremos salvar vidas en el Mediterráneo e intentar conmocionar a la opinión pública europea». Samir Sayyad es el mediador cultural de tal dignificante barco: «Cuando te encuentras en la zona de rescate, estás las 24 horas operativo, lo cual desgasta muchísimo física y mentalmente», admite. «MSF está habituado a trabajar en contextos difíciles, pero en tierra firme. El mar es otra historia: el mareo y el mal tiempo son todo un desafío», aclara Francesca.
Cuando Roma avisa y ofrece las coordenadas, se acercan a una zona que puede estar a 20 minutos o a tres horas. Cuando están cerca, bajan la zódiac con todos los chalecos posibles para aproximarse a los migrantes y poder transbordarlos al «Dignity» en el menor número de viajes posibles. La recomendación más habitual que los refugiados reciben de los traficantes es que hundan su lancha cuando vean una embarcación en la lejanía. El Derecho Internacional del mar obliga a socorrer a un barco que precise de ayuda, por eso los migrantes abaten sus embarcaciones pensando que es así como tendrán la posibilidad de salvarse. Pero si nadie los rescata, mueren: «Que MSF esté en primera línea es crucial», comenta Mangia. «¿Qué idioma habláis? Somos de MSF, no somos del Gobierno, no somos policías: venimos a rescataros. Hay chalecos para todos» es la frase que miles de migrantes nunca olvidarán en su vida. Samir tiene el honor de pronunciarla: «Se alteran mucho al discutir entre ellos. Repetimos el mismo mensaje para tranquilizarlos. Después de los primeros dos o tres viajes todo marcha con confianza. Acabamos en una hora».
Una vez a bordo, el personal de MSF restaura su dignidad: comida, agua, medicamentos, ropa nueva. Y el barco se realiza en su propio nombre. Mientras la UE y sus estados miembros se responsabilizan mutuamente acerca de quién tiene el verdadero poder de desbloquear la situación, en todo caso desde un punto de vista político –y en el mejor de los casos con aspiración estructural –; Francesca y Samir actúan y saben que la humanidad se protege a partir de cada ser humano. «Hay escenas que tienen un significado enorme», explica Samir. En pleno rescate, un chico de 15 años le dijo algo que no olvidará jamás: «No sé qué haces aquí, pero muchas gracias por haberme salvado la vida. Eres mi héroe».
 
Manuel Tori.

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