mercoledì 21 giugno 2017

Rusia honra a sus 'zares' sangrientos

El sangriento siglo XX parecía haber saldado todas sus cuentas con la ciudad de Voronezh, hoy un importante puerto fluvial de la Rusia más occidental, que logró resistir el asedio nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Pero el mes pasado el responsable del padrón municipal avisó con cierto sobresalto de que se había registrado a un bebé bajo el nombre de Stalin. Esa misma semana en Surgut (región de Siberia) militantes comunistas inauguraron un busto en recuerdo del mismísimo Josif Dzhugashvili, verdadero nombre del dictador que gobernó la Unión Soviética con mano de hierro desde finales de los años veinte hasta su muerte en 1953. Los líderes crueles siguen brillando en Rusia, la escultura de Surgut ha sido retirada por carecer de permiso, pero cuatro de cada 10 rusos creen que Stalin hizo "más bien que mal", según un estudio difundido este año por el Centro Levada. En 2012 eran apenas dos de cada 10. En Orel, 350 kilómetros al sur de Moscú, otra figura controvertida está de vuelta: 'Iván el Terrible'. La ciudad inauguró el pasado viernes una estatua en la
que el antiguo emperador aparece a caballo, esgrimiendo una cruz y una espada. El gobernador local equiparó al zar con el actual líder ruso, Vladimir Putin. "Hoy tenemos un presidente poderoso que ha obligado al mundo a respetar a Rusia e inclinarse ante nosotros, igual que hizo Iván el Terrible", presumió Vadim Potomsky. Putin jamás ha ordenado decapitaciones ni empalamientos como los que le gustaban a Iván IV, que reinó entre 1547 y 1584 sembrando la muerte en ciudades como Novgorod. Sin embargo, ambos son considerados responsables del reforzamiento del poder de Moscú sobre las regiones y engrandecimiento de Rusia: el zar conquistando tierras lejanas como Siberia, y el actual presidente recuperando Crimea y frenando a la influencia de EEUU en Europa del Este y Oriente Próximo. Grandeza para engrasar el sistema, la grandeza sigue siendo tan necesaria para engrasar el sistema. "Desde el colapso de la URSS muchos ciudadanos rusos mantienen el sentimiento de humillación por la derrota en la Guerra Fría", explica en analista Andrei  Koleshnikov. El desafío a la sanciones de Occidente y la muestra de músculo militar en escenarios como el sirio son una pomada para que cicatricen esas heridas. Pero esas aventuras militares han dejado tocado al sistema ruso en lo económico, igual que le ocurrió a 'Iván El Terrible' en sus últimos años de reinado, antes de morir mientras jugaba una partida de ajedrez. El sobrenombre del controvertido zar es un perfecto ejemplo de la ambivalencia con la que Rusia se enfrenta a su pasado: la palabra rusa 'grozny' quiere decir "terrible" pero también "formidable". Los rusos miran hacia atrás y ven dolor, pero también gloria. "Hubo muchas muertes ordenadas por él, pero sin Stalin no hubiésemos echado a los alemanes", explica Serguei, un moscovita cómodamente instalado en la cincuentena. Galina, nacida 10 años antes que él, echa de menos un orden que apenas llegó a conocer: "La mano dura de entonces es la única manera de poner a raya a tanto bandido como hay ahora". La percepción del líder soviético en Rusia es menos negativa en la actualidad que cuando cayó la Unión Soviética, pese a que cada vez es más conocida su relación con los más de 10 millones de muertos que dejó el régimen soviético en Rusia hasta el día de su muerte. Nuevo museo en Moscú, para recuperar la memoria las autoridades rusas han abierto un nuevo museo en Moscú que denuncia cómo millones de personas fueron oprimidas en los campos de trabajo soviéticos del llamado Gulag. Pero en las librerías moscovitas todavía se puede encontrar un libro titulado 'Cómo acabó Stalin con la corrupción'. Un enfoque muy distinto al de uno de los mayores expertos en los horrores de aquella época, Robert Conquest, que describió cómo, en un sólo día (el 12 de diciembre de 1937) Stalin aprobó personalmente las sentencias de muerte de 3.167 personas y después se fue al cine. Desde la organización de derechos humanos Memorial critican que el Gobierno ruso no ha hecho nada para detener las distintas iniciativas que ha habido en todo el territorio para conmemorar a Stalin. El año pasado los líderes del Partido Comunista -actualmente el tercer partido del país y todavía devoto de Lenin y su sucesor- erigieron en Lipetsk otro busto a Stalin y abrieron un museo sobre él en Penza. Carteles, cuadernos, publicidad... La ola de patriotismo es tal que el principal campo de trabajos forzados conservado para recordar qué era el Gulag (el Perm-36, situado en Siberia) ha cambiado el enfoque y ahora habla de su "contribución a la victoria".Fuera de Rusia 'Iván el Terrible' es conocido por el cuadro de Ilya Repin que lo muestra abrazando a su hijo tras matarlo de un bastonazo por una discusión. Pero dentro del país es además respetado como una figura clave en el surgimiento del imperio ruso luchando contra tártaros y suecos y como mecenas de artistas y reformador del código legal del país. Stalin admiraba al padre del imperio. Ahora, con Putin en la cúspide del poder, ambos siguen presentes como una santísima trinidad de hombres de Estado. Muestra de lo singular del zar es que entre los asistentes a la ceremonia en que se presentó la estatua del zar estaba Alexander Zaldostanov, cabecilla de los Lobos de la Noche, un controvertido grupo de pandilleros motociclistas partidarios de Putin. Varios colectivos han organizado manifestaciones en contra de esta estatua y hasta presentaron una demanda ante un tribunal. Como criticó en declaraciones a los medios locales una de las activistas, Natalia Golenkova, "a los tiranos les encantan los tiranos".

XAVIER COLAS


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